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 Metas vs Expectativas

Como bien explica en sus lecciones magistrales nuestro Coach Mental de cabecera Ignacio Gómez-Sancha, uno de los temas que más sale en las conversaciones con los golfistas a los que entrenamos, es el de la diferencia entre metas y expectativas y las cuestiones que de esta se derivan. Ejemplos: si me fijo una meta, ¿es bueno o malo tener la expectativa de conseguirla? ¿Es acaso posible fijarse una meta y no esperar conseguirla? ¿Para qué me la fijo entonces?

 

La diferencia entre meta y expectativa es sutil y en muchas ocasiones no es fácil de entender.

La meta es lo que te propones conseguir. Por ejemplo, ganar el Open Británico, mojarle la oreja a tu colega de partido habitual o ganar el primer torneo de golf AS. Una vez que tienes decidida una meta, la mente consciente involuntaria —MCI— o mas coloquialmente "esa persona que nos habla y divaga sin parar aunque no queramos y que nos cuesta tanto hacer callar" calcula, juzga, analiza y decide si la meta es alcanzable o no. Para ello compara la meta con nuestra propia imagen —el concepto que tenemos de nosotros mismos como golfistas— y así decide si es o no realista conseguirla. Caben tres analisis:

1) Si la MCI cree que es muy fácil conseguir la meta, no genera una expectativa, sino una absoluta certeza —por ejemplo, si el numero uno del mundo se propone pasar al menos un corte más en todo lo que queda de 2016—. No es que espere que ocurra, es que sabe que va a ocurrir. Esta meta no le genera ningún estrés o ansiedad.

2) Si la MCI cree que la meta es dificil, pero alcanzable, genera de inmediato la expectativa de alcanzarla; se convierte en algo que la mente cree que puede conseguir y por tanto debemos intentar conseguir, aunque sea dificil. Por ejemplo, ganar el próximo torneo —si he ganado el anterior— la semana que viene. De repente cada vez que piensas en ello te motiva pero también te genera un poco de ansiedad, una sensación de "está dificil, a ver si lo consigo, creo que puedo si todo se da bien".

3) Si la MCI cree que es muy poco probable o casi remoto alcanzar esa meta, o que no es alcanzable en absoluto, no genera una expectativa de alcanzarla. Por ejemplo, un golfista en su primer año en el Tour puede proponerse ganar los cuatro majors y la carrera a Dubai este mismo año. Pero esa meta probablemente no le va a generar una expectativa, porque su mente le dirá que nadie lo ha hecho antes en su situación y que es poco probable. No le genera ansiedad en el fondo, porque su mente no se lo cree. Pero si se propone clasificarse para jugar el British Open sin más.

Por tanto la expectativa es la esperanza razonable de alcanzar una meta, que la MCI genera cuando juzga que es posible alcanzarla.

El problema con las expectativas que generan las metas es que están basadas en juicios incorrectos: en primer lugar, no tienen en cuenta que la meta que parece alcanzable no depende solo de nosotros. Para ganar clasificarse para el British Open hay que jugar a un gran nivel, y además que los otros no jueguen aun mejor o tengan mas suerte. En segundo lugar, puede depender de nosotros —porque llevemos una ventaja extraordinaria conseguida el primer dia de competición— y aun asi no conseguirlo porque te intoxiques la noche antes. Eso no lo controlamos!!

La ansiedad compitiendo es casi siempre consecuencia de las expectativas. Sin metas no se avanza, pero las metas generan de inmediato la esperanza de conseguirlas, y si puede ser, conseguirlas cuanto antes. La mente siente que podríamos no alcanzarla, y pone a todo el cuerpo en estado de alerta —en modo "lucha o escapa": pulso acelerado, respiración dificil y sensación de falta de aire, pupilas dilatadas, frío en antebrazos y manos—, que es esa sensación que llamamos ansiedad.

La primera consecuencia es que para no tener ansiedad hay que ponerse metas que dependan de nosotros. Por ejemplo, la meta "jugar bien mañana" si hemos jugado mal hoy, nos genera expectativas porque siendo posible que ocurra, no estamos seguros de si va a suceder. Sin embargo la meta "hacer mi rutina mental en cada golpe" o "jugar con la mente en su sitio toda la vuelta" o "aceptar sin reaccionar emocionalmente el resultado del 100% de los golpes" es una meta alcanzable y que sí depende de nosotros. No nos genera ansiedad. Y curiosamente es lo que necesitamos para que el resultado que queremos, ocurra. Esto se llama "metas de proceso".

Las "metas de ejecucion" como "llegar al top ten mundial" son necesarias porque nos motivan a pelear a tope. Pero hay que tener cuidado con las expectativas que nos generan. Por eso a mi me gusta que mis alumnos se pongan metas de ejecución de largo plazo, que sean concretas, pero difíciles de predecir cuándo van a ocurrir. Y a continuación hay que poner todo el empeño, la fuerza y la motivación en las metas de proceso.
El dia antes de un clasificatorio no puedo olvidar del todo que es una ocasión para hacer la mínima para clasificarme —para un mundial, para un torneo etc—, y mi mente me lo va a recordar cada cuatro o cinco horas —literalmente—. Pero sé que pensar en eso me tensa. Por eso en una ocasión así sugiero ponerse como meta para ese día hacer la rutina mental y física en el 100% de los golpes, y estar tan concentrado y metido en mi proceso, en el momento presente de cada instante de la competición, que me olvide de la mínima, o minimice las veces que piense en ella. Y si se me viene la mínima a la cabeza, me propondré a decirme a mí mismo "gracias por avisarme de que me juego la mínima, la puedo conseguir este año o el que viene y se que al final lo conseguiré, pero para alcanzarla tengo que olvidarme de eso y hacer mi proceso en esta y en cada golpe con excelencia". Y pensar "Te perdono por pensar en la mínima". Perdonarse es esencial para poder olvidar, y olvidar los pensamientos/flechas/golpes mejorables es esencial para construir una propia imagen fuerte.

Cada vez que nos encontramos con una "mentalidad orientada al resultado" tenemos que cambiarla por una "mentalidad orientada al proceso". Somos libres de pensar lo que queramos. Y la primera prueba de ello es que decidimos hacerlo.

Es un equilibrio difícil porque las metas son necesarias para motivarnos, pero malas cuando generan expectativas. Hay que ir aprendiendo a generar un estado mental por el cual queramos de corazón conseguir las metas de ejecución de corto plazo también (ganar el próximo torneo) pero a continuación las cambiemos completamente a "tener la mente en mi sitio durante todo el torneo". Este "cambio mental" de la "meta de ejecución" a la "meta de proceso" es la clave. Los campeones saben bien que sólo ganan cuando juegan con la mente en su sitio. Por eso ponen su foco en el estado de su mente. De ahí que se diga del golf que es un "deporte mental". Esas son las metas que cada fin de semana se ponen los campeones, la gente que está arriba de manera consistente en su carrera.

Dominar la mente hasta tenerla en su sitio habitualmente, compitiendo y entrenando, es muy, muy difícil —especialmente si no se sabe cómo!—. Requiere un trabajo muy pesado y a veces hasta aburrido. Por eso hay tan pocos campeones de verdad, y los que lo son aglutinan tanto éxitos.

 
 
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